A veces pienso en vos, en nuestra casa de separados. Nuestra
casa de separados es la casa en la que vivíamos juntos, y ahora vivo yo, con
nuestras hijas.
Debiera decirle “mi casa” pero me sale decir “nuestra casa de
separados”.
Pienso en vos cuando uso algunos objetos, pienso en vos que
me da pena, porque estoy usando el cepillo de lavar las zapatillas, y pienso
con qué estarás lavando tus zapatillas ahora, si te habrás comprado un cepillo
nuevo, si debiera decirte que te lleves
el cepillo de lavar las zapatillas, por si lo necesitás. Vos te fuiste y no te
llevaste tantas cosas que se necesitan todos los días, y también son tuyas. Muchas
cosas eran tuyas antes incluso de que nos conociéramos.
¿necesitás broches? ¿necesitás el costurero?
El cepillo de lavar las zapatillas ya estaba en tu casa cuando te conocí. Es viejísimo,
debe ser de los 80. Es de color beige, tiene cerdas negras y blancas. Yo lo
sigo usando. Es tuyo. Quiero que te lo lleves y es ridículo. Quiero devolverte
todas las cosas tuyas que me quedé injustamente en esta separación. A veces pienso
que te despojaste de muchas cosas y que sos muy valiente. A veces pienso que
esta casa de nosotros separados debiera demolerse. Miro los estantes tuyos,
miro los muebles. Yo necesité que te fueras porque no podía más de tu egoísmo. Vos
necesitaste irte porque no podías más de mis reclamos. Aun así dejaste todo, y
no lo que yo necesitaba. Salvo este cepillo que sigo usando.
¿Qué pensás hacer con La metamorfosis de Narciso de Dalí que
está colgada en la habitación?
¿necesitás el cucharón? ¿los envases vacíos de cerveza?